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El principal objetivo es augurar buen tiempo y prosperidad.
Durante cuatro días, los indígenas permanecen en el sitio del
ritual, donde la tradición exige las demostraciones de abundancia
basadas en sacrificios e invocaciones, ruegos, cantos rituales
y ritos de fertilidad.
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En los días anteriores a la ceremonia
se produce un verdadero éxodo en el que colchones, mantas,
cama, ropa, alimentos, al igual que mesas y sillas, son
transportados hasta el sitio donde tiene lugar el Nguillatún.
Los aborígenes de distintas comarcas se reúnen para pedirle
al dios Futachao, progreso y bienestar. |
El altar, llamado "Rehue", está formado por una fila de cañas
y una rama de maitén, árbol que ellos consideran sagrado. Allí
se colocan barriles con chicha y cántaros con "Mudai" (bebida
obtenida de la fermentación de piñones). Hombres y mujeres lucen
sus mejores vestidos. Los caballos llevan los mejores arneses,
que comúnmente son de plata.
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Durante la ceremonia se destaca
el Loncomeo, baile que realizan los jóvenes más fornidos
imitando los movimientos del avestruz. No tienen imágenes
sagradas, pero sí instrumentos sagrados: el cultrún, la
trutruca y la pifilca, que únicamente son usados en las
ceremonias religiosas para anunciar a Nguenechén, siempre
presente. |
Las familias durante la rogativa, que dura tres días, se alojan
en enramadas construidas para ese fin. El sentido de oración
de todas las ceremonias del Nguillatún, se puede apreciar en
este ruego Mapuche: "Este día, arrodillado en la tierra,
Dios te pido que me des buen cielo. Este día, arrodillado en
la tierra, Dios te pido que me des buena cosecha. Dame fuerza.
Dame buen pasto. Dame buenos pensamientos. Dame vida con toda
mi familia. Dame un buen trabajo. Dame larga vida".
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